Una hoja de papel de morera, un taco de madera de cerezo y un cuchillo sujetado casi plano. Con eso se imprimían las imágenes que circulaban por Edo a miles.
El ukiyo-e (浮世絵, "imágenes del mundo flotante") es un movimiento artístico japonés nacido en el periodo Edo. Los artistas publicaban su trabajo como estampas xilográficas, talladas y entintadas a mano. Fue el género más popular de Japón entre los siglos XVII y XIX, hasta que las técnicas y los gustos occidentales lo cambiaron todo.
Puntos clave
- Ukiyo-e significa "imágenes del mundo flotante", los barrios de placer de Edo.
- Sus temas preferidos: mujeres bellas, actores de kabuki, campeones de sumo, paisajes y criaturas del folclore.
- Cada estampa era un trabajo en equipo: artista, grabador, impresor y editor.
- Los pigmentos venían de plantas, los tacos de madera de cerezo y los pinceles de pelo de caballo.
- El género decayó después de 1868, viajó a Europa y marcó a Van Gogh, Monet y Degas.
¿Cuáles son los temas de las estampas japonesas ukiyo-e?
Las obras ukiyo-e se hacen con la técnica de la xilografía, el arte de imprimir desde un taco de madera tallado. Los chinos fueron los primeros en usar este proceso, para reproducir caracteres a partir de una plancha con el texto grabado.
En Japón se tomó el mismo principio para reproducir dibujos, primero con fines religiosos y después artísticos.
Hay elementos que aparecen una y otra vez en las estampas ukiyo-e: mujeres bellas, erotismo, el calendario japonés, el teatro, la lucha, la naturaleza y lo sobrenatural.
Bijin-ga: las mujeres bellas de Japón

Dentro del ukiyo-e existe la categoría bijin-ga (美人画), pinturas de mujeres bellas. Muchas veces son retratos de geishas o de cortesanas conocidas del barrio de Yoshiwara. Aparecen solas o en grupo, divirtiéndose o paseando por las calles de la ciudad. Aun así, no todas las mujeres de los bijin-ga eran cortesanas.
Estas estampas hacen más que promocionar la vida libertina de Yoshiwara. También registran el ideal de belleza japonés de la época. Las mujeres retratadas marcaban tendencia. Van vestidas con la ropa más actual, incluido el kimono (着物) de mujer, y con los accesorios que todo el mundo quería esa temporada.
Shunga: el erotismo japonés
Las estampas shunga ("imagen de primavera") tratan temas eróticos. Tuvieron cierta popularidad entre 1600 y 1868. El género erótico es uno de los ejes del movimiento y aparece en la obra de varios artistas importantes del ukiyo-e.
El shunga suele mostrar relaciones amorosas entre gente corriente de la ciudad, con un toque de humor. Las parejas se entrelazan en posturas imposibles y con genitales de proporciones exageradas. Rara vez están desnudas del todo. Es intencionado: así la mirada va a las partes del cuerpo que sí quedan a la vista.
E-goyomi: el calendario japonés
Los e-goyomi, o "imágenes de calendario", eran estampas de lujo. Reservadas a clientes adinerados, se hacían con las técnicas más avanzadas del momento. Cuesta creer que piezas así sirvieran para distinguir los meses cortos y largos del calendario japonés.
Los números están escondidos con ingenio en el dibujo: entre los motivos, en el kimono o en el cinturón obi (帯) de una figura femenina. Su gracia está en la sutileza con la que el artista disimula el mensaje del calendario impreso japonés.
Yakusha-e: la estampa del teatro tradicional
Las "imágenes de actores", los yakusha-e, son otro tema central del ukiyo-e. Esta categoría se centra en el segundo gran atractivo de Yoshiwara después de las cortesanas: el mundo del teatro kabuki.

Los yakusha-e son, como indica el nombre, retratos artísticos de actores famosos del teatro japonés. Estas estampas ayudaban a promocionar el kabuki y, a menudo, hacían populares a los actores retratados.
Lo habitual era venderlas como lámina suelta.
Los actores aparecen maquillados, en plena actuación. Los retratos fijaban el mie, la pose y el gesto sostenidos en el momento más dramático de la obra.
Algunos retratos se hicieron en honor a actores populares ya fallecidos. Se presentan con frecuencia como trípticos, obras en tres partes, con el actor principal en la hoja central.
Sumo-e: el mundo flotante y la lucha japonesa
También existen los sumo-e, retratos e imágenes ukiyo-e ligados al arte de la lucha japonesa. El sumo tenía entonces una afición amplia, como sigue teniéndola hoy.
Igual que con los actores, los sumo-e retratan a campeones y luchadores conocidos. Muestran además los rituales previos a los combates, las ceremonias de entrada al ring y los movimientos de los luchadores. No se limitan a lo que pasa dentro del círculo. Recogen también la reacción del público y los templos y recintos donde se celebraban los torneos.
La estampa de paisaje japonés
Algunas estampas se alejan de los placeres urbanos y convierten la naturaleza en tema principal. Templos, santuarios, plantas y animales como pájaros e insectos son frecuentes en esta categoría.
A diferencia del arte chino y de la pintura tradicional japonesa inspirada en él, los paisajes del ukiyo-e no son lugares abstractos. Son vistas de un sitio real, muy coloridas y más o menos fieles. Da la sensación de estar dentro de la escena.
Estas láminas de paisaje son las que más veo enmarcadas en las casas de nuestros clientes. Una sola estampa sobre una pared clara resume bien la idea Wabi-Sabi de la belleza en un momento tranquilo e imperfecto.

La mitología japonesa y su folclore
Otras estampas van más lejos y representan criaturas fantásticas y espectrales del mundo sintoísta. Gustaban a un público que había desarrollado afición por lo extraño. Para algunos artistas, cuando la censura se endureció, esas criaturas fueron además una forma de criticar o ridiculizar la política japonesa del momento.
Cómo se hacen las estampas japonesas ukiyo-e
Las estampas ukiyo-e son fruto de un trabajo colectivo. La cadena de producción la formaba un equipo: un artista, un grabador, uno o varios impresores y un editor. Cada uno se ocupaba de una etapa concreta.
Esa división del trabajo explica que ningún nombre pueda reclamar en solitario una lámina. Es también un buen ejemplo de Kaizen, la mejora paciente de un mismo gesto repetido durante años.
El artista
Hacía un shita-e, un dibujo con tinta negra llamada sumi. Muchas veces lo realizaba por completo, aunque a veces solo entregaba un boceto que otros terminaban. Se usaba un papel muy fino y translúcido, el hanshita-e. Ese dibujo servía de modelo al grabador en la segunda etapa.
El grabador
El grabador usaba el modelo para esculpir una réplica del diseño en la madera, dejando en relieve las líneas del shita-e. Colocaba el hanshita-e sobre la plancha y tallaba a través del papel, con lo que destruía el dibujo original.
Al menor error había que empezar de cero. Por eso el grabador necesitaba años de experiencia y trabajaba bajo la supervisión del artista.
En las estampas en color se grababan varias planchas, una por color. Esta vez solo quedaban en relieve las zonas que había que colorear. En cada plancha se tallaba una marca llamada kento. Esa marca era decisiva en la impresión.
El impresor
El impresor se encargaba del entintado. Aplicaba a las planchas de líneas los colores que iban a aparecer en la estampa. La operación no era menos delicada que el grabado, y este artesano también debía tener mucha experiencia.
Primero humedecía ligeramente la plancha y después extendía una capa uniforme de tinta sobre las zonas en relieve. Colocaba una hoja de papel sobre la plancha entintada para imprimir una réplica del dibujo del artista.
Cuando la estampa llevaba varios colores, cada plancha se entintaba por separado con el suyo. Los colores se imprimían luego por turnos en la misma hoja. Las marcas de registro que dejaba el grabador permitían que los colores encajaran sin desbordarse unos sobre otros.
El editor
El editor no era artista ni artesano. No participaba directamente en la fabricación de la estampa. Su papel era el de director de orquesta. Reunía al artista, al grabador y al impresor, y coordinaba su trabajo. También se ocupaba de vender las estampas una vez salían de las planchas.
Materiales y herramientas de una estampa

La producción de estampas ukiyo-e, sobre todo en sus inicios, dependía casi por completo de materiales naturales japoneses.
Los pigmentos del dibujo y de los colores venían de plantas y minerales. La tinta negra sumi, por ejemplo, se hacía sobre todo con hollín de pino mezclado con un aglutinante.
Las planchas eran de madera de cerezo, fácil de grabar y resistente a impresiones repetidas. La madera se secaba, se almacenaba y se acondicionaba durante años, y luego se cortaba en tablas de pocos centímetros de grosor.
El impresor usaba una herramienta propia, el hake, un pincel de pelo de caballo. El hake se mojaba en agua antes de tomar el pigmento, para que la tinta llegara a la plancha en la cantidad justa.
El grabador podía manejar hasta siete herramientas. Se apoyaba sobre todo en el hangito, un cuchillo que se sujeta como un lápiz para cortar la madera. Cuidaba y mantenía sus herramientas con mimo.
Esos mismos motivos siguen viajando sobre tela. Olas, ramas de ciruelo y rostros bijin impresos en algodón son la forma en que hoy casi todo el mundo lleva el ukiyo-e puesto. Ten en cuenta que las tallas japonesas quedan unas dos tallas más pequeñas que las europeas.

Historia del ukiyo-e
El ukiyo-e no apareció ya formado. Creció a lo largo de unos dos siglos, desde ilustraciones de libro coloreadas a mano hasta láminas de paisaje a todo color que se vendían en todo el país.

Las ilustraciones japonesas
Después de años de guerra civil y de las invasiones mongolas anteriores, Japón encontró estabilidad a finales del siglo XVI con el shogunato Tokugawa. Eso favoreció el crecimiento de las ciudades y la aparición de una nueva clase de comerciantes y artesanos, los chonin.
Los chonin tenían dinero y vivían buscando el placer y el lujo. La palabra ukiyo, "mundo flotante", es un concepto budista desviado un poco de su sentido original para describir ese modo de vida. Se entiende bien que los libros sobre los placeres urbanos, los e-hon, triunfaran entre esa nueva burguesía.
El ukiyo-e, "imágenes del mundo flotante", apareció primero en los e-hon, libros ilustrados. Hishikawa Moronobu, autor de cientos de ilustraciones, está considerado el pionero de este arte. Inspiró a seguidores como Sugimura Jihei, Torii Kiyonobu I y Kaigetsudo Ando. Este último fundó la escuela Kaigetsudo, junto a la línea Torii.
En esa época el ukiyo-e estaba todavía en una fase primitiva. Faltaban por desarrollar varios procesos técnicos y estilísticos. Los colores eran pocos, poco variados y se aplicaban casi siempre a mano. En el estilo, el detalle de la figura en primer plano pesaba más que el fondo.
Las estampas de brocado
Antes de la llegada del color impreso, los artistas producían imágenes monocromas en blanco y negro. En encargos especiales, el dibujo se coloreaba a mano con pintura, por lo general naranja, verde o amarilla.
En el siglo XVIII llegó el nishiki-e, "imágenes de brocado". A diferencia del tan-e, el nishiki-e es policromo y muestra una gama de colores más amplia. El color ya no se añadía a mano. Se imprimía con una plancha tallada para cada tono. Algunas estampas llegaron a usar doce.
La técnica era cara. Se usó primero en las imágenes de calendario, los e-goyomi, hechos para clientes adinerados, y la innovación se atribuye a Suzuki Harunobu. Él es el artista mayor de este periodo. Su estilo es poético, sostenido por un idealismo del que muchos seguidores quisieron desprenderse después.
El ukiyo-e de los sucesores de Harunobu muestra más fidelidad a la realidad, en los rasgos, los gestos y los temas. Katsukawa Shunshō hizo retratos de actores más verosímiles. Koryūsai y Kitao Shigemasa se fijaron en geishas y cortesanas reales en lugar de en tipos femeninos idealizados.
La era Genroku: la edad de oro
El ukiyo-e alcanzó su edad de oro a finales del siglo XVIII. La producción de estampas estaba en su punto más alto y tenía un éxito amplio. Los métodos y los estilos evolucionaron con ella.
Kiyonaga presentó mujeres a la moda y escenas urbanas en gran formato, o en dos y tres hojas unidas, dípticos y trípticos. Los actores de kabuki siguieron presentes en su obra, con más viveza y más realismo.
Los retratos de mujeres de Utamaro, sus bijin ōkubi-e, muestran solo el busto y la cabeza. Consiguió personalizar los rasgos de sus modelos en lugar de plegarse a los tipos ideales uniformes de la época.
Edo fue la ciudad de esta edad de oro. También trabajaban artistas del ukiyo-e en las regiones de Kioto y Osaka. Había diferencias entre el ukiyo-e de Edo y el de esas zonas. Allí los temas eran menos variados. Aquellos artistas parecían más interesados en los retratos de actores.
Censura y temas nuevos (principios del siglo XIX)

La ley ya exigía un sello oficial de aprobación en las estampas antes de poder venderlas. Quien lo incumplía recibía castigos severos. La censura sobre el ukiyo-e se endureció después, con prohibiciones sobre los temas de lujo y placer que habían definido el género.
Eso empujó al ukiyo-e en otra dirección durante el siglo XIX. Los paisajes naturales sustituyeron a los urbanos. Los artistas se volcaron en la representación de la naturaleza. Hokusai y Hiroshige la convirtieron en un estilo con identidad propia.
Hokusai, que se llamaba a sí mismo "el viejo loco por la pintura", hizo sus famosas vistas de la naturaleza con Treinta y seis vistas del monte Fuji. Su obra más conocida es La gran ola de Kanagawa, impresa hacia 1831. También miró la vida diaria de la ciudad, con un enfoque menos licencioso. Las escenas breves del Hokusai Manga lo muestran bien.
El declive a finales del siglo XIX
Tras años de aislamiento, Japón se abrió a Occidente con la restauración Meiji de 1868. El ukiyo-e de ese periodo cambió en profundidad.
Las pinturas químicas llegadas de Occidente empezaron a sustituir a los pigmentos naturales que habían caracterizado las estampas. Algunos artistas sacaron láminas cargadas de un rojo artificial muy vivo. Son los aka-e, "imágenes rojas".
El ukiyo-e abordó además temas alejados de sus asuntos clásicos. Yoshitoshi representó escenas fantásticas, sobrenaturales y mitológicas, con criaturas extraordinarias, fantasmas y héroes legendarios. Muchos lo consideran el último gran artista del ukiyo-e.
Aparecieron movimientos nuevos, con sus propios estilos y principios. El shin-hanga, impulsado por el editor Watanabe Shozaburo, buscaba romper con la fama del ukiyo-e como arte comercial de masas. Sus artistas tomaron prestado de los impresionistas europeos y trabajaron el juego de la luz, sin dejar los temas tradicionales.
Con otro movimiento, el sōsaku hanga o "grabado creativo", la estampa dejó de ser una colaboración entre artista y artesanos. Estos artistas asumían todo el proceso: dibujo, grabado, entintado e impresión.
El ukiyo-e y Occidente
Después del convenio de Kanagawa, que abrió Japón a los barcos estadounidenses y luego europeos, el ukiyo-e absorbió influencias occidentales. Algunas estampas se hicieron a la manera europea. El artista Toyoharu imitó la perspectiva de la pintura europea. Su trabajo influyó en otros artistas japoneses, entre ellos Hiroshige y Hokusai. También se descubrió el azul de Prusia, un pigmento importado que acabó siendo clave en las olas de Hokusai.
El ukiyo-e influyó a su vez en el arte occidental, con el empuje de la Exposición Universal de París de 1867. El estadounidense Ernest Fenollosa se interesó mucho por él y publicó los primeros estudios sobre el tema. Las estampas marcaron después a varios pintores europeos, entre ellos Vincent van Gogh, Monet, Klimt y Degas, en un movimiento llamado japonismo.
Para terminar
El ukiyo-e es un arte japonés que, a diferencia de los géneros clásicos, trató temas populares. También se distingue por cómo se fabrica una estampa. El artista no puede atribuirse él solo el mérito de una lámina. Los artesanos, cada uno experto en lo suyo, tuvieron un papel esencial y durante mucho tiempo poco reconocido.
En su historia, el ukiyo-e parte de comienzos humildes y se convierte en un estilo artístico completo gracias a pioneros como Moronobu e innovadores como Sukenobu. La apertura de Japón a Occidente marca su declive en la forma tradicional, con la llegada de la fotografía y los colores químicos.
El ukiyo-e es uno de tantos movimientos artísticos que se han ido sucediendo. Para seguir con la cultura japonesa, lee nuestra guía de artes marciales japonesas. Y si quieres llevar estos motivos puestos, en la tienda el envío es gratuito a partir de 115 €, tienes 14 días de satisfacción o reembolso, pago 100 % seguro y atención al cliente de lunes a viernes de 10:00 a 17:00 (GMT+2).

Preguntas frecuentes
¿Qué significa el término "ukiyo-e"?
Ukiyo-e (浮世絵) se traduce como "imágenes del mundo flotante". Ukiyo era un término budista para el mundo pasajero y doliente, reutilizado en Edo para nombrar los barrios de placer y sus diversiones efímeras. El sufijo e significa simplemente imagen.
¿A Van Gogh le gustaba el ukiyo-e?
Sí. Van Gogh reunió cientos de estampas japonesas junto a su hermano Theo, y copió al óleo obras de Hiroshige. Las zonas planas de color y el encuadre rotundo del ukiyo-e pasan directamente a sus propias composiciones.
¿Por qué decayó el ukiyo-e?
Por varias causas a la vez. La fotografía ofrecía una forma más rápida de retratar actores y lugares, las tintas químicas importadas cambiaron el aspecto de las láminas y, después de 1868, el público japonés se giró hacia los estilos occidentales. El sistema de taller con artista, grabador e impresor perdió su mercado.
¿Qué hace único al ukiyo-e?
Era arte popular hecho para la gente corriente de la ciudad, no para templos ni señores. Era además un oficio colectivo, en el que el grabador y el impresor daban forma a la imagen final tanto como el dibujante. Esa mezcla de precio bajo, oficio alto y temas cotidianos no tiene un equivalente real en otro lugar.

